lunes, 22 de agosto de 2011

La unión de Los Coronas y Arizona Baby en Dos Bandas y un Destino volvió a convertir el escenario Ribera en un lugar superpoblado, después de los poligoneros. Hicieron el espectáculo en unión y armonía, después por separado, y finalizaron por todo lo alto. Un concierto así debería de ser obligatorio para todos los alumnos de Bachillerato en este país. Y si tú aún no lo has visto, deberías comprobar próximas fechas. Uno de los puntos de máxima entrega fue el ya mítico Shirale, que llevó a los Arizona a moverse desde tierras pucelanas a los parajes sonorámicos, pasando por los pueblos más adentrados y arenosos de las tierras tejanas. Y dos menciones especiales. La primera, la aparición de Kurt Savoy, el rey del silbido, que protagonizó un momento memorable, poniendo el aire de sus pulmones mientras detrás aparecían distintas escenas de películas del oeste, con Clint Eastwood y su aterradora mirada. Y la segunda, Rubén Marrón, guitarrista de Arizona. Su capacidad ya no sorprende, y pronto se hará justicia con una guitarra tan brillante como la suya.

(J. López, www.crazyminds.es)

Turno para hablar de Dos bandas y un destino, la alianza de dos bestias del rock surfero y de raíces como son Los Coronas y Arizona Baby. Empezaron a machete, con ‘Pushin’ too hard’ rematada con ‘Mr. Soul’ de Neil Young, rematada a su vez con ’Satisfaction’ de Rolling Stones. Y no dejaron de apuñalarnos. ‘Shiralee’ coreada con el público (Javier Arizona tiene una voz de gran alcance y con un tembleque puramente folkie, que recuerda sin remedio a Jerry García, de Grateful Dead, por los siglos de los siglos), canciones en italiano, versiones de Black Sabbath(‘Supernaut’) y Pink Floyd (‘Wish you were here’), homenaje al spaghetti western con la participación del gran silbador Kurt Savoy… También tocaron alguna canción nueva, sin nombre, donde el señor Marrón (uno de los mejores guitarras del país, así, como suena) se lució. Alguien dijo a mi lado que “todo es la hostia”. Asentí mentalmente. También hubo tiempo para los consejos morales. Porque para molar, hay que sudar. Amén, hermanos.

(Álvaro Ramírez, www.gazeta20.com)

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